¿De la amenaza del feminismo «sin mujeres» a la rendición de las feministas «sin feminismo»?
“(…) lo
que aconteció con el feminismo es lo contrario: es la generación de un
sentido libre de lo que una mujer es y puede llegar a ser por sí misma, en
relación con otras y otros, independientemente de las construcciones sociales
de su identidad”.
Luisa
Muraro: El Dios de las mujeres, p. 35.
Gracias al feminismo…
Hoy, probablemente, volverán las grandes
marchas a las calles de Chile, con ocasión de conmemorar el Día de la Mujer, alias
“8M”.
Sé que, a pesar de las apariencias,
primará el deseo y la necesidad genuinas de las mujeres de expresarse ante amenazas
reales y concretas, por sobre los cálculos políticos y el oportunismo de la
izquierda.
Pero también pienso que es necesario saber
que es el feminismo y no ningún otro “ismo”, por más noble que sea, el que está
en la raíz de todo esto, el que convoca, nombra y abre el horizonte desde, para
y por las mujeres.
El feminismo, el ser feministas, con todo
lo que conlleva, con sus análisis y críticas, con la capacidad con que nos dota
para nombrar la realidad y vislumbrar un mundo mejor, implica determinadas
consecuencias.
Dado que el feminismo contiene una lucidez
y profundidad que ningún otro marco teórico posee, nos lleva a comprender que
la depredación de la naturaleza, las guerras, el racismo, el capitalismo
salvaje, entre otras formas de violencia brutal, son esencialmente anti-humanas,
y atentan contra la vida, contra la libertad, contra las mujeres.
Las feministas radicales y las de la
diferencia, se jugaron el prestigio intelectual, la pertenencia a partidos y
movimientos políticos de izquierda, las relaciones con los hombres, también y
mucho más, desde la década de 1970 en adelante, justamente para descubrir las raíces
de la opresión, donde se asentaba el patriarcado, cuya farsa milenaria ha
traído tanta miseria a la Humanidad.
Haciendo un esbozo ligero, hay algunos puntos que se pueden señalar sobre los frutos de esta labor: 1. El borrado y la destrucción de la autoridad materna y femenina, y su reemplazo por el poder paterno, fueron el origen de toda forma de violencia y todo ejercicio de dominación (Muraro, Sartori). 2. La violencia sexual de los hombres contra las mujeres fue la primera forma de violencia que objetificó a un grupo humano y sentó las bases para todas las jerarquías de poder, incluida la esclavitud. (Lerner, Millet, Dworkin, Rich). 3. La primacía del mercado como lugar de intercambio y del dinero como valor de cambio que reemplazó y desplazó a la relación y a la capacidad de mediación de las palabras, sustentadas en el reconocimiento de la autoridad materna, dio origen a esta vorágine de la acumulación, el expolio y la reducción de todo a la calidad de “producto” o “servicio” (Muraro) (y ojo acá con aquello del “trabajo de cuidado”).
Y parece que las convulsiones del mundo
actual, que parece a punto de estallar bajo la égida de patriarcas vociferantes,
pueden llevarnos a desesperar y a olvidar de donde venimos y quiénes somos.
Y así será, si el anti-fascismo,
anti-sionismo, anti-imperialismo, anti-capitalismo, anti-colonialismo,
anti-racismo, y la larga lista de consignas “anti” que se suelen alzar, en
lugar de ser una consecuencia del feminismo, en lugar de ser compromisos
adquiridos por el hecho de ser feministas, son puestas en primer lugar, como
banderas, premisas y contenidos, entre los cuales, con algo de suerte, algo digamos
sobre nosotras y el feminismo.
Gracias al feminismo, es decir, con ayuda
del feminismo, pero también, guardando la justa Gratitud hacia el único “ismo”
nuestro, que debe su existencia a la sangre, el alma, la vida de miles de
mujeres.
El feminismo no lo contiene ni lo agota
todo en la vida de una mujer, por supuesto, pero es un punto de partida (¿irrenunciable?),
un gesto de apertura, un aire fresco y nuevo que podemos respirar.
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