Leer «Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana» hoy



Resulta difícil expresar en pocas páginas la relevancia de la figura de Adrienne Rich: la mujer, la feminista, la lesbiana, la poeta, la ensayista, en fin, aquella mujer que llevó el ser lesbiana a una dimensión bellamente política que hasta antes de esta obra, apenas pudo ser vislumbrada. Esta, por supuesto, no es una revisión exhaustiva de la obra, es, como debe ser, una invitación a leer. Veamos si funciona.



Este ensayo en particular, tan citado y renombrado, (¿quién no ha oído hablar de la “heterosexualidad obligatoria”?, aún con equívocos y sin mayor interés por comprender de qué se habla) quizás sorprenda por su brevedad, y al adentrarse en el texto, es posible constatar que se trata de una escritura exploratoria y abierta a la indagación, resulta casi un desafío, o quizás, una invitación difícilmente resistible, lanzada a otras mujeres, lesbianas o no, respecto a experimentar el ser mujer fuera de los marcos del patriarcado.



Muchas veces me he enfrentado a este texto, como lectora ávida, como mujer feminista y lesbiana, como feminista que lo recomienda y discute, y nunca deja de sorprenderme gratamente y encender nuevas luces en mí y en mi relación con las demás.



Además de señalar su carácter fundacional, al incorporar al pensamiento feminista radical conceptos fundamentales como: heterosexualidad obligatoria, existencia lesbiana y continuum lesbiano, hoy es necesario revisar su legado a la luz de los años y de las preguntas y posibilidades para las mujeres de esta época agitada.



A pesar del tiempo y de las constantes relecturas, sigo pensando que se trata del texto que mejor expone la cuestión lesbiana en el marco del feminismo, y dentro del pensamiento lesbiano radical, el que mejor permite sentar las bases del análisis de la heterosexualidad obligatoria como institución, con todas sus ramificaciones y consecuencias, pero, además, no se queda en la denuncia de la heterosexualidad como componente de la consabida opresión de las mujeres por los hombres y no hace gala de la economía de la miseria femenina, (término acuñado por María Milagros Rivera Garretas).  Adrienne Rich va más allá y abre posibilidades, explorando aquellas huellas de libertad femenina que persisten, y planteando la posibilidad de otra forma de relacionarnos entre mujeres, y por tanto, de redefinir el mundo.

Esta obra es, probablemente, la que instala definitivamente la crítica política de la heterosexualidad como institución en el corazón del feminismo radical, y creo que hoy resulta innegable que, sin esta crítica, se pierden gran parte de los análisis y los aportes del radicalismo.



Y, si bien Rich recoge y presenta lúcidamente los aspectos más relevantes de la colonización sexual de los hombres sobre las mujeres que implica la heterosexualidad, incluidas la violencia y los sistemas de valores que la conforman, así como una posible (estimulante y provocadora, como ella misma señala) hipótesis sobre cómo habría sido fundada la heterosexualidad, su mirada no se detiene allí y avanza hasta constituir una seductora invitación a rescatar de la historia y de nuestras propias experiencias, las huellas del sentido libre de ser  mujeres. Hoy pienso que si bien muchas autoras radicales indispensables y valientes han sido capaces de develar los mecanismos de la opresión, es necesario también resistir la tentación de dejarse atrapar en los tentáculos de la identidad de la oprimida, que fácilmente pueden llevarnos a confundir ser mujer con aquello que los hombres patriarcales han querido que seamos.



Al acercarme yo misma al feminismo de la diferencia, habiéndome reconocido feminista radical y lesbiana por mucho tiempo (no sé si han sido tantos años, pero estoy segura de la intensidad con que los he vivido), he comenzado a pensar en Adrienne Rich como un puente tendido entre estas expresiones del pensamiento feminista: el radical, el lesbiano y el de la diferencia. Por ello, he sentido alegría al saber que Andrea Franulic ubica a Rich en lo que denomina feminismo radical de la diferencia, es decir, como una precursora de un pensamiento que la propia Franulic ha fundado, acuñando su nombre, y actualmente desarrolla y hace crecer junto a otras en el grupo Feministas Lúcidas.



Y es que Rich saca el ser lesbiana del ámbito de la preferencia sexual, en sus propias palabras, le parece que “lesbianismo” es una forma clínica de aproximarse al complejo entramado que pueden adoptar los vínculos entre mujeres, impliquen o no un acercamiento sexo-afectivo. Así, propone, por una parte, hablar de existencia lesbiana, para dejar sentada la presencia real, histórica, de las lesbianas, necesaria de ser señalada, por el bien del propio feminismo. Y, por otra, acuña el término continuum lesbiano para nombrar todas las redes de mujeres que se han construido, primariamente entre mujeres, sacando a los hombres del centro de sus vidas, protegiéndose unas a otras de sus violencias en la medida en que sus fuerzas se los permitían, etc.,  y explorando las posibilidades de ser felices siendo mujeres.



En la actualidad, lejos de lo que la masculina ideología del progreso inserta en el feminismo pudo vislumbrar, la misoginia ha encontrado nuevas y astutas formas de expresión, y sobre nosotras se ciernen rebuscadas estrategias de borrado de nuestra existencia. Por cierto, estrategias que se ensañan contra las lesbianas.



Leer a Rich hoy es encontrar una puerta abierta, una luz, y cambiar la mirada sobre lo que significa para nosotras la historia, la genealogía y la libertad. Por todo ello, creo que este texto mantiene una vigencia que lo hace necesario, vital…







Doménica Francke Arjel, Chillán, 1 de septiembre de 2019.

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